Si desplazarnos a nosotros mismos debajo del agua cuesta, conseguir mover a alguien cuesta mucho más. El truco está en no agarrar a la otra persona, sino dejar las manos abiertas, planas y con los dedos juntos. Así lo empujaremos, sin arrastrarnos nosotros también. Lo mejor para este ejercicio es llevar gafas de buceo.
Una variante es agarrar la mano o el brazo de la otra persona, y tener que arrastrarla hasta el otro bordillo. Elijas el que elijas, es un ejercicio que cansa y te ayuda a fortalecer tanto brazos como piernas. ¡Ojalá nos resultase desplazar a alguien tan fácil como a este tiburón!
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